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| Kathleen Turner: Lo que quedó del sex symbol |
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En este mundo hay una sola mujer que puede hacer que mis sueños se vuelvan realidad. Y esa mujer, Kathleen, sos vos". El austríaco electropop Falco le cantaba a Kathleen Turner en 1986 todavía embobado por el sex symbol que explotó enCuerpos ardientes. Pero si Falco y su recuerdo están sepultados en Viena, la Turner tiene su sex appeal igualmente olvidado. Su papel en la fresquita Marley y yo como entrenadora de perros la muestra tan complicada de carne y rostro que el puesto número 73 que la revista Empire le dio entre Las estrellas más sexies del la historia del cine es, justamente, historia. "No hay nada divertido en ser un borracho", se sinceró alguna vez Tom Waits. Y menos si uno es un borracho con una enfermedad crónica grave.
En los años ochenta, en sus comienzos como estrella del cine, Kathleen tenía una imagen de chica bonita y amable, pero en lo privado era difícil de tratar. El New York Times dijo que era "una diva certificada", su ex compañera, la actriz Eileen Atkins, la calificó de "pesadilla increíble" y son conocidos sus entredichos con Nicolas Cage y Burt Reynolds. "No soy una persona muy amable", declaró hace poco. Pero si los años no vienen solos, los de la Turner vinieron acompañados en los noventa. Muy mal acompañados.
La actriz comenzó a recibir ofertas para interpretar madres y abuelas. "Es un doble estándar injusto. A las mujeres nos descartan después de los 35, 40, y los tipos comienzan a ser estrellas a esa edad". Sus quejas sobre los grandes estudios, su juventud que se iba y la desagradable noticia de una enfermedad. Durante el rodaje de Mamá, asesina serial, en 1992, le diagnosticaron artritis reumatoide, una dolencia incurable.
La enfermedad avanzó rápidamente, su carácter se volvió más espinoso y comenzó a perder la paciencia con la industria. Así que las producciones de alto perfil (La guerra de los Roses, En busca de la esmeralda perdida, etcétera) le cedieron el lugar a las películas de menor presupuesto. Si la artritis empeoró, el tratamiento también. Y Kathleen comenzó a apoyarse en la bebida. La voz de "barítono enwhiskado" que describió el New York Times terminó de quedar en contexto.
¿El alcohol la dejó así? No, claro que no. "La gente cree que me veía tan hinchada porque soy una alcohólica, pero la verdad es que fueron los esteroides que tomé para sobrellevar la enfermedad y poder funcionar normalmente", dijo en 2006. "Además, en Hollywood es más aceptable que tomes drogas o te emborraches que estar enfermo. Me enojé al principio cuando me acusaron de adicta, pero la verdad es que tampoco me preocupé en desmentir nada". Pero había adicción: un par de semanas después de abandonar la obra El graduado, en 2002, la Turner se internó en una clínica de rehabilitación para acabar con su problemas con la bebida.
La enfermedad diezmó su carrera y deshizo su matrimonio en 2007 con Jay Weiss, un empresario inmobiliario. "Tener artritis enfrió nuestra relación por el dolor que sentía constantemente. Cuando estás así, no te sentís sexy en absoluto". Y Falco cantaba proyectando hacia el futuro en un pedido global para que la Turner recuperara el brillo perdido: "Kathleen, ¿podés escucharme, nena? Kathleen, sabés de lo que hablo. No estoy hablando de mi primer beso, estoy hablando de nuestro planeta".- |
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